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domingo, 18 de noviembre de 2012

Espléndida mañana de senderismo en CULLERA





Pues…,  si. Llovía cuando abandoné Segorbe, a las 6,30 h. de ayer sábado. En Valencia también llovía. Pero dejó de hacerlo cuando viajábamos  por Sueca en dirección a Cullera.

Cullera. La visité por vez primera en el año 1975. Y me gustó su estampa, entre tierra y mar. Su caudal de sol. En la tierra, arrozales, acequias y canales. Cañaverales,  luciendo sus blancos plumeros…. Estuve por el “estany”. Y entre huertos de naranjos, el azahar!!

Y subí por un camino blanco al calvario…. Y vi el mar, su enorme pincelada azul, alguna barca pesquera y a lo lejos un buque,  en viaje hacia no sé donde… Y el faro, que dicen “alcanzaba once millas”…

Entonces no se hablaba de senderismo. Ni se hacía. Nuestras montañas eran escuela para actividades mayores. Estuve en el castillo, que fue una de las mejores defensas del reino moro de Valencia. Y en el en santuario, donde se venera la imagen de la Virgen del Castillo o de la Encarnación. Data su aparición en tiempos de los primeros cristianos,  cuando gobernaba estos territorios el emperador Justiniano. Nos dice Carlos Sarthou que su “culto se extendió mucho en el siglo XVIII entre la gente marinera de esta región”.

En este sábado, mientras el tiempo daba sus bocanadas con cielos neblinosos, caminando con mis amigos por el PR-CV336, entre Buenavista, el 2º Collado y arribando a la solitaria playa del Dosel,  recordaba  aquellos lejanos 37 años. Cuanto ha cambiado desde entonces Cullera. La contemplamos subyugante, una tentación en verano por sus buenas playas, de finísima y dorada arena.

Llegamos al Faro y el PR se enfila hacia la montaña. Eso sí, pasando por la desnivelada urbanización del Faro, con sus dominantes bloques de viviendas. Pero las vistas se iban agrandando, fijándola en los inmensos arrozales inundados por el agua, formando un inmenso embalse, donde se reflejaban las nubes, la ermita dels Sants de la Pedra,  y alguna casita coquetona con su pincelada blanca. Pero también el trabajo de los huertanos enriqueciendo la tierra.

Llegamos a la montaña. Una montaña para emocionar. Salió el sol. Caminábamos por el sendero, entre una cohorte de arbustos, entre la tierra roja y un roquedo sumamente poroso. Observamos los perfiles de la montaña por la que avanzábamos, sus contornos, las instalaciones que registra. Abajo los rascacielos, los hoteles, los manchones arenosos de las playas desiertas, los barrios adosados a la montaña…

La  montaña olía  a humedad, a mar, a soledad… Éramos once senderistas. Y nos encantaba pararnos, dominando, a vista de pájaro,  el mar y la costa, el interior,  con su pléyade de arrozales como balsas inertes entre reflejos plateados y azules. Pasamos al lado del radar metereológico y llegamos a las ruinas del Fort. La atmósfera se había clareado en la pequeña distancia, pero se emborronaba con manchones cenicientos a lo largo de la costa, hacia la albufera y hacia Gandía.

Paramentos y ruinas de la antigua muralla. Y un magnífico sendero que nos aboca, bajo el alhumajo de una grácil pinada, en el castillo y en el santuario, que dominan tanto la antigua villa como la moderna Cullera. El sol hacía resplandecer el santuario y la robusta torre de las campanas,  con su cúpula de tejas vidriadas de reflejo cobrizo.

Seguimos bajando por el camino del Calvario. Vimos cerca la torre de la Reina Mora, que formada parte de la fortificación del castillo. Allí está una ermita, consagrada a Santa Ana.

Y bajo la enorme rotulación de “Cullera” -pintada nívea en la montaña-, que por la noche resalta con su iluminación artificial,  recuperamos el sendero,  que nos encamina hacia el cementerio, desde donde partimos casi cinco horas antes, mientras con la vista nos recreábamos viendo el curso calmoso del río Júcar y el fondo lechoso de los campos de arroz.

-Pues yo Luis a esta ruta le pondría cuatro estrellas.

-Una ruta muy maja, y con este tiempo, ha resultado fantástica.

Mientras valorábamos la espléndida ruta de La Lloma, nos aposentamos en el Club Náutico. Unos riquísimos platos los rondamos en un ambiente de cálido divertimento, donde Rafa se erigió en protagonista absoluto,  contando sus divertidas anécdotas, derramando el regocijo entre los presentes. Y es que “todo” contribuyó para relumbrar una placentera ruta dorada por mil detalles en una Cullera otoñal.

Y, amig@s, a esperar la siguiente, que ya la tenemos a la vuelta de la esquina…
















© Fotos: Luis Gispert.

13 comentarios:

trimbolera dijo...

Un agradable recorrido que siendo en grupo se hace mucho más ameno y corto. Muchas gracias.

Abilio Estefanía dijo...

Hola Luis, ahora entiendo porque a mi vecino le gusta tanto Cullera. Cuando me lo cuneta debería de empezar por estas rutas y esas vistas.
Una ruta cuando termina en buena armonía acompañada de un buen plato siempre tiene un aliciente mas.

Un abrazo

Pizarro dijo...

Que precioso lugares nos das ha conocer en tu recorridos matinales.
Bellas imagenes de Cullera
Saludos y abrazos.

Goriot dijo...

Buenas vistas, Luis. Tengo en la mente crear un grupo de senderismo con lo mucho que aprendo de ti.
Un abrazo.
Goriot.

MA dijo...

Hola Luis mil gracias por mostrar tanta belleza en tus textos e imágenes.
Pasa la vida entre naturaleza cuando entro a tu blog y eso me encanta.
Es un placer entrar a tu magnifico blog y dejar huella.
Abrazos de MA.

Francisca Quintana Vega dijo...

Siempre encantada de viajar con la imaginación por estos maravillosos lugares...son preciosos. Mi cordial saludo

kanet dijo...

Hola Luis, es precioso lo que nos muestras, madre mía! que vistas más privilegiadas teníais desde donde subisteis, vamos de lujo eran. Fueron una buena recompensa por el esfuerzo realizado.
El relato paso a paso y luego la imágenes, vamos todo un deleite en todos los sentidos.
Ten un hermoso empiece de semana, besitos azules a manos llenas, muasssssssssss

Pakiba dijo...

Disfrutando este lunes soleado con unas preciosas fotos y excursión.

Gracias por hacernos mostrarnos tan bonitas rutas.

Jose dijo...

Hola Luis
Esto es lo que tiene hacer rutas de montaña junto al mar, que no sabes a donde mirar si al mar o la montaña y hay veces que esto es un problema...Bendito problema.

Un abrazo
Jose
TROTASENDES BENICALAP

Remei dijo...

Me he emocionado, yo es que vivo a 5 minutos de CULLERA...SI SUPIERAS LAS VECES QUE HE HECHO LA SUBIDA AL CASTILLO, Y PASEAR POR LA PLAYA DEL FARO...SI ES QUE ESTO ES MI SEGUNDA CASA...
Luis, creo que lo has disfrutado, no es para menos!
Un beso!

Juan Carlos Martín dijo...

Me resultan curiosas estas rutas desde lo alto y con el mar al lado. Como aquí nos pilla lejos y dado que estamos entre las dos mesetas, aquí siempre vemos otro mar, el de las tierras llanas de Castilla y Extremadura cruzadas por estas sierras entre las que vivo.

Un abrazo.

Luis G. dijo...

Remei, amig@s.... Tenía muchas ganas de hacer esta ruta, desde que en este verano pasé un fin de semana en uno de los hoteles de Cullera. La convoqué y el resultado fue brillante en todos los aspectos. La playa del faro es muy bonita, Remei. La estuve fotografiando, solitaria, con las olas susurrando como una sinfonía de sirenas...

Abrazos,

Luis.

Emilio dijo...

¡Hola Luis! Día senderista fabuloso con tan buena y nutrida compañía y una senda tan particular como lo son las que bordean la costa y conjugan a un tiempo mar y montaña, verdes y azules conviviendo en armonía en un mismo escenario. Y para acabar la animosa tertulia tras una buena comida. Superior.
Un abrazo.