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El Tiempo en Segorbe. Predicción

El Tiempo en Segorbe

miércoles, 22 de mayo de 2013

CALLES DE SEGORBE



En cada intransmisible paso se reafirma un lienzo del ayer.

Paseo tus calles, allí donde se coció la historia medieval, sobre todo. Donde cada rincón almacena recuerdos. Donde el sol apenas se cuela entre los aleros de los tejados, para dibujar sombreados arabescos sobre las estrechas calzadas. Barrios de Sopeña, de Santa Ana, de Barrimoral.... Huellas de piedra y testimonio, donde revolotean aromas pinariegos, entrelazados de júbilos panorámicos.





Segorbe, ciudad donde la piedra crece y se iza en altivas torres, clavando su hálito en el cielo, su impar grandeza, cabalgando en volandas su nombradía por los surcos vivos de la emoción, abrazando por las noches las cálidas estrellas.






Y hay una Estrella que la luna llena, asentada en el trono del tómbolo primigenio.





La primavera revive en Segorbe. Cada balcón es una explosión de júbilo colorista. Cada rincón un ensueño cromático. En cada callejón hay una rosa encendida, que hechiza, como el risueño rostro de una moza.






domingo, 19 de mayo de 2013

La canción de un río: El ARCOS



Camino solo por tierras de Teruel. Me gusta oír la canción de los ríos. Y quiero escuchar una vez más la corriente del río Arcos, que, en tiempos pasados, me fue tema literario. Y que mejor que orientar mis pasos por paisajes donde el tiempo se he detenido, y la naturaleza sigue despertando cada primavera, para brindarnos su colorido, su caudal de deidades, la coreografía galopante  del Arcos, brincando con delicia por escalones naturales.

La soledad, el caminar solo por estos bellos parajes de Javalambre, me hace sentirme dichoso, aislado  en el impar cónclave de  la naturaleza. No hablo con nadie. Pero la voz del del río la escucho claramente, como un coloquio que solo yo puedo disfrutar.




Añosos bancales labrantíos orillan el río. Y la vegetación, que se funde en copiosas choperas, acopia un delirio de verdes. Y al borde del camino mil plantas estampillan la regocijante  alegría de su colorido.

Asciendo por el camino. Al lado, el río. Que baja eufónico, espumeante, saltarín, entre tramos angostados. Voy acercándome a su nacimiento.




El paisaje serrano de Javalambre se abre, se engrandece, rozando los dos mil metros de altitud. Por su curso se moldea el nivel antrópico de estas tierras, donde los lugareños parcelaron su economía.

Se eleva culebreante el camino. Por la izquierda se rehunde el Arcos. Su curso es mocetón, alegre.





Estos grandiosos paisajes, donde el senderista es feliz, me hacen despertar siempre una emoción grande, profunda. El sentimiento se aviva, adopta coloquios con el agua, con las brisas, con el color de la tierra, con la fuerza parabólica de la roca, que forma excrecencias ninfáticas por el Buitre (1.957 m.).




La vena cristalina del Arcos, a pocos metros de su nacimiento, es gloriosa. Se acrece enseguida, suena entre danzas vigorosas, sorprendentes.

Y entre tanta soledad, entre la reciedumbre del paisaje, desolado paisaje de piedra gris,  genuinamente serrano, me siento feliz. La gracia del Arcos, recien nacido, contrasta con la austeridad del paisaje, de las altas peñas, formando parte su estructura de un domo anticlinal integrado por materiales calcáreos de edad jurásica.

Pronto la corriente se convierte en fuerza mordedora. Su cauce se define. Las aguas bajan rápidas. Y su rumor encandila al despeñarse entre saltaderos. Sus márgenes se adornan de plantas silvestres, de flores de radiantes colores. La tierra arcádica confina al Arcos. El cantil lo domina. 




Se encastilla de blasones naturales. Parajes de alta montaña pisados mil veces, de vivísimas ondulaciones, rameados de arroyos, de encrespados suelos de vertientes rápidas...

Río abajo, saltaron las truchas...