Espadán mantiene su arrogancia de alta sierra incluso cuando desprende sus cotas menores en busca del mar. Como 5 esforzados cicerones de sus rutas, nos encaminamos en una mañana fría pero muy luminosa hacia los cordales de Romeu. Primeros pasos por una urbanización. Seguimos las señales del PR. Nos conducen por caminos, ribeteando pinadas colmadas de primores vegetales.
-Vaya cuestas, amigos.
Y es que, aún que andemos por caminos, las cuestas son empinadísimas.
-Pues vaya con la sierra. Tiene una arrogancia por estos contornos, que ya, ya…
Vaya que sí. Coronamos una cuesta. Pero viene otra. Así hasta llegar al Alto de Romeu (344 m .). Las vistas son preciosas, entre una atmósfera centelleante y helada. Contemplamos espacios de la sierra que nos recuerdan otras andanzas. Cerca queda el mar, envuelto en velos y fantasías cromáticas, con el anchuroso tapiz de los naranjales con su temple oscuro, salpicado de multitud de caseríos.
Y ahora a descender. Lo hacemos por un sendero que se dibuja estoicamente sobre el terreno. Con verdadera delectación lo bajamos. Reviste la sierra retablos pinariegos que cubren acroterios naturales, salpicando de extensos rodales la tierra rojiza. Se perfilan a lo lejos las siguientes cotas como dos piramidión. Para ellas vamos.
Los parajes son preciosos. La senda muy bordada. Y llegamos al alto de la Cruz de Quart, con su vértice geodésico. Nos hacemos la foto del grupo y escogemos un rincón rocoso recostado por el sol para almorzar. Nos faltaron las exquisiteces de los amigos que no han venido a esta ruta, pero damos buena cuenta de lo que aportamos cada uno, todo muy sabroso y tentador.
Y charla va y charla viene bajamos por otro sendero para llegar a un poste indicativo de la ruta. La seguimos hacia la Font de la Rivera. Y en este punto cogemos el Camí del Corretger. Otra subida endiablada. Pero…
¿Puedo hacerle una foto?
Y me dice que sí. La joven caballista pasea con su caballo blanco. Su estampa embellece el paisaje, entre pinos y naranjos.
-Gracias.
Siempre hay gente amable por el camino.
Coronamos la cuesta y descendemos por otro camino forestal. Las pinadas hacen acogedora la andadura.
Y entre charlas divertidas arribamos a la urbanización de los Bonilles y al punto de partida.
-Vaya ruta más guapa, nos dice Angel.
Y tomamos la dirección hacia la Pinada de Gilet. Cogemos la carreterita que nos lleva a Petrés. Y nos metemos en el pueblo. Y hacemos turismo.
-¡Que por esta calle no salimos a la carretera!
Pasamos por la plaza de la iglesia. Y por una callecita estrecha salimos a la carretera.
Los bancales de naranjos parecían sonreírnos con sus esféricos frutos. Aún no era la una de la tarde.
Senderistas: Angel, Juan, Martín, Manolo y Luis.
Gracias a todos por vuestra compañía.
Gracias a todos por vuestra compañía.
