Cada 18 de marzo visito Valencia. Aparco el coche en Almàssera, cojo el metro, desciendo en Colón y dirijo mis pasos hacia la Gran Vía Marqués del Turia. Veo alguna falla durante el trayecto y llego al escenario neurálgico de esta primordial vía valenciana. En este día tan especial en Valencia, visito la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión.
En esta Valencia de fallas donde el silencio da paso al estruendo, donde el arte barroquizante se exalta por las calles en un espectacular alarde, como la música, el color, el rito del fuego…., hay tiempo para gozar con los libros. No en balde Valencia fue lugar para célebres literatos, donde vivieron parte de sus vidas con el aliento del color, del arte, del honor, del ingenio…
Así consta en sus vidas a Cervantes, Lope de Rueda, Lope de Vega…
El culto al libro. La tentación cultural se aviva en fallas. Y este amigo de los textos, como un trotamundos impenitente, recala en cada puesto y es hechizado por lomos, tapas y títulos, mientras el estruendo de algún petardo se escucha en los confines de las calles adyacentes a la Gran Vía.
El libro usado tiene su valor. Y su nivel. Cada stand expone su oferta. Y el público curiosea, invierte… Hay un murmullo melifluo, de respeto.
Valencia tiene sus escritores, sus extraordinarios novelistas. Es amplia y universal la creación literaria valenciana. Amor a la tierra, a su historia, a sus costumbres, a la huerta, al mar, a los arrozales inundados…. Son escritores dinámicos. En sus textos se recrea el olor a azahar, los brillos del agua, el canto de las acequias de los marjales…
Busco estos libros en la feria. Mi mundo ahora es éste. Y la pasión teje acordes de dicha cuando consigues el título deseado.
La feria del libro usado empuja. Y de mi “caza” particular salgo satisfecho.
Ahora voy en busca de una falla…