Después del tormentón del pasado
viernes por la tarde, llegó la calma y el deseado sábado. Soleado, luciendo un
día veraniego. Ideal para salir de ruta. Madrugando un poquito más, para
iniciar la marcha con la grata sensación de la fresca. Y buscando lo más apetitoso en
esta época, las ramblas y barrancos, menos abiertos a los espacios montañosos,
más imbricados en las umbrías, enriquecidos de aspectos naturales, como son sus
angosturas, sus bellezas paisajísticas y la envoltura vegetal que acordona sus
márgenes…
Nos fuimos al barranco de la Maimona. Este barranco tiene
dos tramos diferentes, pero no exentos de espectacularidad. Uno es el que
discurre entre Olba y Montanejos, salpicado de pozas y constreñido por paredones
calizos que alcanzan los cien metros de altura. Su recorrido es más técnico. Otro,
es el que discurre cauce arriba, desde Fuente la Reina. También rodeado de
perfiles rocosos, de una espesa vegetación y meandrizado entre hilvanados cantiles.
Además, reúne alicientes dignos de mención: sus pozas y remansos, de fino colorido esmeralda.
Partimos desde la ermita de San
Martín. Diez amig@s con ganas de disfrutar de la mañana. Con la gran alegría
del reencuentro, que siempre estimula. El grupo lo formamos: Juan, Martín,
Chon, Pilar, Carmen, María Angeles, María José, Isabel, Manolo y Luis.
A iniciativa de Martín, dejamos
la travesía del Maimona para el final. Y seguimos el trayecto del PR que une
Villanueva de Viver con Fuente la Reina. Los
caminos afloraban la humedad de las lluvias, precipitadas pocas horas atrás,
salpicados por algunos lavajos. Las razas, que son los rayos de luz que se
filtran entre los troncos del pinar, alardeaban su rúbrica de luces y sombras. Los
arbustos moteaban multitud de gotitas, que el sol resplandecía
lúcidamente. Cruzamos el collado Lepo y
por un bonito sendero descendimos al encuentro del barranco La Graja. Lo seguimos, arribando a la
carretera, muy cerca de Fuente la
Reina.
El pintoresco pueblo aparecía como
dormido. No vimos a ningún vecino por las calles. La hora era, naturalmente,
aún temprana. Breve parada en la fuente de las Mangraneras. Prosecución del inerario,
ahora por un tramo de carretera, y enlace con el magnífico sendero que nos
abocó a la depresión del barranco de la Maimona.
Un camino de herradura hermoseado por el cortejo de multitud
de carrascas, de espacios umbríos, con el engarce del superior anfiteatro
rocoso, entre bloques desprendidos de
los farallones.
El marco por donde caminábamos
era precioso. Arriba, los acantilados. Abajo, la frescura de la tupida e impenetrable
espesura vegetal. Una enramada fantástica y verdor por todas las partes. Y el
barranco derrochando su canturía. Remansado en pozas cristalinas, que
dulcificaban la caminata, pasando por trechos
donde la maleza había crecido soberanamente, y hacía que el avance estuviera salpicado por mínimas
dudas,
pero que no fueron obstáculo alguno para andar por el sendero, siempre admirando la fuerza
geológica de este barranco, de impresionante y espectacular belleza, formando
una reserva de variada y profusa vegetación, adaptada al medio húmedo, tan
oloroso.
Sobre los riscos de los paredones
que se alzaban al otro lado del barranco, vimos a un grupo de cabras hispánicas
¿o eran corzos? , que se quedaron mirándonos, alzándose sobre los riscos
airosamente, luciendo sus posturas habituales.
Y llegó el momento del almuerzo.
El marco, una agrupación rocosa muy asequible y que el sol iluminaba plácidamente.
A los postres, brindamos con cava y pastelicos por mi santo. Amig@s! me
emocionasteis. Fue como un rito acariciante….
Y seguimos la marcha, barranco
arriba, con algún resbalón sin importancia. Y diversión a raudales en algunas
fases del itinerario. El sol ya metido de lleno en la arboladura, rielando por
la corriente del barranco. Y llegamos a la fuente de Pierres. Breve parada.
Fotos al verde remanso del Maimona, que mostraba sus dones como una doncella emparentada
con adonis, bajo el dosel de una opulenta chopera.
Y abandonamos el Maimona. Y su
encanto. Ascendimos por el Sabinar. El
trayecto nos dejó en un camino. Majestuosa se alzaba la sierra de Santa Bárbara
de Pina, con su ensabanación pinariega, que parecía volar bajo un cielo limpio
y claro. Y pronto llegamos a la ermita de San Martín, ya avanzado el medio día.
Foto del grupo. Elogios a la ruta. Momentos que rubrican la excelente amistad
del grupo…. La cordial despedida….
Volveremos…. En otra ruta…
7 comentarios:
Hola Luis
Estupenda ruta!!!
El viernes tuvimos tormentón pero entre otras cosas nos sirvió para que el sábado pudiéramos apreciar esos olores característicos de humedad en la montaña y notar a primera hora ese frescor agradable que te hace caminar mucho mas animado.
Un saludo
Jose
TROTASENDES BENICALAP
¡Hola Luis! Bonitos parajes los que nos muestras en esta entrada. Ese curso alto del Maimona no lo tengo recorrido. Espero hacerlo este verano aprovechando las vacaciones en Montanejos. De nuevo, estupendas fotografía que reflejan estupendamente ese idílico paisaje.
Un abrazo.
Hola Luis ,bonitos paisajes nos enseñas ,se ve que lo pasais en grande todos los amigos.
Saludos.
Buenos días amigo Luis, es hermoso despertad y ver la naturaleza con todo su esplendor en tus imágenes.
Dan ganas de visitar la ruta y verla en persona ...
Buen texto y bellas panorámicas como siempre nos regalas.
Un abrazo de MA.
Hola Luis y compañía. Sólo de ver esas magníficas pozas dan ganas de autotransportarse allí y romper la superficie espejada con un salto a lo "bomba". Me extrañañ que no los aprovecháseis, pero es que este tiempo anda revueltillo y aunque estamos en fechas de calor, no lo hace tanto.
Saludos.
Pablo.
Hola Pablo, eran pozas apetecibles para el baño, pero el agua bajaba muy fria... Más adelante iremos a buscar nuevos ríos, espero que para disfrutar, como siempre acostumbramos en verano. Felices rutas para ti tambien.
Un abrazo.
Gracias a todas y a todos por vuestro amables comentarios.
Abrazos.
Luis.
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