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jueves, 27 de septiembre de 2012

Cerca del Moncayo...





Cuando llegué a Tarazona, en mi ciudad se celebraban las fiestas patronales… Pero allí, en esta ciudad tan maña, monumental e histórica, se registraba un ambiente de sólida tranquilidad, entre ramalazos de fuerte calor.

Es Tarazona para mi una de las ciudades más bonitas de Aragón. Ahora que se puede visitar la catedral gótica, el recorrido cobra mayor interés. Desde la calle su imagen es muy artística, entronizada en sus espectaculares torres.






Y cuando llegas a la vieja plaza de toros y rozas su ombligo, uno se siente transportado a otras épocas. Así me lo dice una agraciada moza,  que me ve con mi cámara en la mano y no tiene ningún reparo en dirigirme la palabra.

Y solo con andar apenas cinco minutos Tarazona se ofrece como es, investida de mil valores turísticos, representados en sus casas colgantes, la judería, la fachada barroca de San Atilano o la renacentista del Ayuntamiento.






Y tras adquirir un cargamento de jugosas pastas, que guardé en mi bolsa avellanada, puse rumbo a ese Moncayo cuya imagen me atenaza siempre, y que preside un hermosísimo territorio selvático, que el otoño se encarga de transformar en una sinfonía cromática realmente mágica. Para ver y sacar humo a las tarjetas fotográficas.

Conforma el Moncayo una dehesa densa, con formaciones subalpinas de notable porte, entre pinares, hayedos, robles, acebos…







Quise alentar mi afán andariego por la senda que sube a la cumbre, embebiendo por un tiempo el silencio que se catapulta hacia el valle. Un silencio que emborracha y seduce el alma. Pero acabé bajando al santuario. Y me asomé al balcón de las evocaciones  para rememorar pasadas y felices andanzas, en un marco donde todo es grande, solemne y que embriaga el espíritu con su innegable altivez.

Además, quise contentar el estomago como se merecía. Y me adentré en el acogedor restaurante del santuario, donde un vinico de Borja me entonó toda mi persona, como un sol que enrojece horizontes, mientras una gentil camarera, con el pelo recogido en un moño, iba depositando sobre la mesa, adornada por la belleza de un aster,  una retahíla de manjares.





Al terminar el feliz condumio, le regalé a la camarera la flor de la mesa, que me agradeció con una dulce sonrisa, que transformó  aún más los aires sonrosados del Moncayo.

Ahora, cuando escribo estas notas en la distancia, entre el alcor sereno de mis libros, y a las puertas de que se descuelgue  octubre, con sus fiestas del Pilar, creo que soy una persona afortunada por mis aficiones vinculadas en todo con la naturaleza. Por ello, seguiré caminando sin detenerme, sin dar tregua al descanso, aflorando siempre los sentidos y el esfuerzo sano entre horizontes serranos, haciendo que la vida sea más hermosa y placentera junto a los míos, derramando la gracia de la felicidad sobre los entrañables senderos de nuestros amores, como una luz que nunca se apaga.







Estoy cerca del Moncayo contigo,
siguiendo tus firmes pasos,
viendo tu figura transformada en una
grácil princesa,
al  encuentro
de tu trono de cristal.




6 comentarios:

Abilio Estefanía dijo...

Hola Luis, el Moncayo siempre majestuoso en su paso por la carretera que me lleva a ver a al familia a Barcelona.
En una ocasión lo he subido desde uno de los aparcamientos que hay antes de llegar al Santuario, vaya viento que hacia en la cumbre.
Como bien dices Tarazona te transporta a tiempos de mayor esplendor y que han quedado como atractivo turístico.

Un abrazo

Goriot dijo...

Luis: Buena crónica. Me ha gustado la torre de Tarazona, creí que la de mi ciudad era la más bonita de España.
Y claro muy típic o el paisaje urbanístico.
Un sdaludo cordial.
Goriot.

trimbolera dijo...

Agradezco mucho tus reportajes porque nunca he estado por esas tierras. Muchas gracias.

Laura.M dijo...

Preciosas fotos!!
Ya lo creo que eres una persona afortunada por tu afición a la naturaleza, y que compato.
Bonito regalo le hiciste a esa chica:))
Buen fin de semana.
Un beso.

Toni Ibañez dijo...

Hola Luis;
No te detengas en trasmitirnos esos caminos que tanto amas, y que nosotros podemos adorar.
Y no te canses de regalar flores y amor, porque es lo mas grande de cada camino.
Un abrazo.

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

Eres una persona estupenda Luis, detallista sensible.
En vez de sacar en las noticias energúmenos y maltratadores, deberán sacar a personas como tú.
Ayer el garaje de la finca donde vivimos, se llenó de agua.
¡Vaya tormenta!
Un beso, Montserrat