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El Tiempo en Segorbe. Predicción

El Tiempo en Segorbe

lunes, 1 de agosto de 2011

Me asomé al abismo




Me asomé al espantoso abismo. El paso era delicado. Un traspiés, un resbalón, un simple mareo y sería mi final. La tarde se cernía con asomos sonrosados. Pero mi corazón latía fuertemente. Sabía lo que me pasaba. Era la única salida que tenía para abandonar la endiablada cresta. O pasaba o tenía que retornar. Pero la noche se me echaría encima como un lobo hambriento y tendría que vivaquear. Pasar la noche al raso.

Volví a intentarlo. Solo pude recorrer un par de metros, los menos expuestos.

Seguía pasando el tiempo. Y me llegó el instante de decidir. Avanzar sería una locura. Aunque cruzase el paso,  tendría que quedarme en cualquier lugar de la montaña.

Aquí,  en este tramo de la cresta, se formaba un gran hueco entre tres rocas, como un nicho natural. Lo suficiente para resguárdecerme y pasar la noche. Comida tenía una poca, entre chocolatinas, mermelada y avellanas. Además, un litro de agua. La dosificaría. Igual que la comida.

El día iba agonizando y la noche llegó lentamente. Tuve la sensación que mi soledad, a casi tres mil metros de altitud, pesaría como el plomo. Las estrellas lanzaban su recital de relumbros. Parecía que con solo estirar el brazo, las tocaría una a una. Comí algo y bebí dos o tres sorbos de agua. Ya lo vaticinaba. Dormiría poco en aquel hueco rocoso, inmóvil, incómodo. Cuando  amaneciera partiría hacia la aventura, hacia  un  final incierto. Y me puse a pensar. En mi familia, en mis hijas.

-Papá -me dijo la mayor- ve con cuidado. No te arriesgues.

-Descuida, hija. Pensaré en vosotras y brillará la cordura en mi Pirineo.

Pero cuando iba recorriendo la calcárea arista, de color del queso, y con el sol en lo alto, solo pensaba en devorar metros, con cuidado, sin apresurar la marcha, haciendo frente vorazmente al riesgo. Pero el dichoso paso rasgó la emoción del avance entre la extravagancia del roquedo.

Y ahora seguía atrapado en la noche oscura, con el cielo desbordado de puntos luminosos. El único rasgo de vida, la  celeste,  lo tenía sobre mi cabeza.

Lo que más me preocupaba era la soledad, el infortunio, la desazón, la incógnita que me llegaría con el nuevo día. Sin  embargo, me consolaba: Con el sol dando tumbos por el cielo, seguro que resolvería mi delicada situación.

Y tenía frío. El anorak me calentaba poco.  Y mi ataúd rocoso parecía tener ventanucos por todos los lados. No quería pensar. Solo dormir. La mochila la tenía como almohada y parecía un ovillo, tan acurrucado que estaba.

Pasaban las horas. No lograba dormir. El frío era tremendo. Movía las piernas para evitar el entumecimiento. Las dos de la madrugada. Las estrellas seguían en su sitio. Y las cercanas cumbres parecían espectros, monstruos a punto de devorarme. Creo que me dormí, aunque como olas furiosas me acecharon las pesadillas.

Llegó el nuevo día y el espectáculo extraño y magnífico del Pirineo. Un nuevo sol se levantaba en la gloria. Y entonces la vi. Allí, en la infernal cresta, había crecido una flor bermeja “como un ángel caído del Paraíso”, en frase de Henry Russell. Su color y su presencia me llenaron de alegría, De optimismo. Debería seguir, no volver hacia el lejano punto de partida. Cruzar el aéreo corredor desafiando el abismo.

Comí algo. En la cantimplora quedaba poco agua. Me incorporé. Tenía todo el cuerpo dolorido. Hice algunos ejercicios de estiramiento. Me coloqué la mochila y me enfrenté al corredor. Tenía que sobreponerme al nerviosismo. Y entonces pensé en mi hija.

-Papá,  ve con cuidado.

Y así lo hice. Al borde del abismo iba avanzando con mucha atención, progresando centímetro a centímetro. De improviso, un sudor frío bañó mi frente. Titubeé por segundos, en el punto más critico del paso. Pero saqué fuerzas del corazón y seguí franqueando la arista,  hasta que la… ¡superé!

Estaba salvado. El descenso, aunque difícil, era practicable. Me detuve por un instante para contemplar el magnífico y luminoso panorama que me rodeaba. Un mundo hecho de rocas, de abismos, de mármol, de granito… Estaba deslumbrado por el inefable resplandor del cielo. Y me volví. Al final del horrible paso vi nuevamente la flor roja. Parecía que me sonreía… ¡lo has hecho!

Y alzando los brazos al cielo, exclamé:

-¡Graciassss!







20 comentarios:

Toñi dijo...

¡¡Hola Luis!!

Ufffffff
Según leía tus palabras, sentía el latir del corazón, rápido, como un caballo desvocado...

Un beso.

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

Buenas tardes Luis:
Esto si que es un a hazaña.
Pero ¿no fuistes un poco imprudente?.
Gracias por comnpartir este post.
Besos, Montserrat

Goriot dijo...

Luis, amigo, lo conseguistes, lo explicas muy bien, palaba a palabra, paso a paso. Es fantástico subir esa altura entre rocas y divisar unas vistas tan preciosas.
Un abrazo.
Goriot.

MORGANA dijo...

Mi querido Luis,tiene que ser una sensación increíble después del angustioso paso.
me alegro muchísimo por tí.
Besos.

Carlos dijo...

Vaya Luis, la verdad es que leyendo tu relato me ha recorrido esa sensación que a veces yo mismo tengo ante un paso delicado. Esas dudas...
Mejor no pensar en eso ahora porque, si no, no saldríamos nunca a la montaña.
Un abrazo.

Dani(Ayvoy!!!) dijo...

Hola Luis.

Se me han puesto los pelos como escarpias,de verdad.
Gran relato de gran alpinista,del que sabe improvisar.
Cuando uno esta en "tierra firme" después de salvar un paso complicado y lo mira...ufff que sensación.

Por cierto,¿que cresta era esa?

Un abrazo.

Emilio dijo...

La montaña encierra peligros, lo sabemos, pero uno de los alicientes es saber superar esos momentos de incertidumbre y riesgo como el que narras. Es otro de los encantos de las alturas.De todos modos, también sabemos que la prudencia debe presidir todos nuestros movimientos en el monte.Un abrazo Luis.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Un relato emocionante de principio a fin. La tensión se mantiene hasta el final, donde uno respira aliviado.
Qué valor tenéis los montañeros.
Mi admiración y un abrazo.

Pakiba dijo...

Luis que susto me has dado, no seas imprudente que queremos tenerte a nuestro lado muchísimossssssssss años más.

*Luna de Medianoche dijo...

Me alegro que estes bien
un fascinante relato
un beso corazon

bixen dijo...

Mi palpitar iba in crescendo según te leía; y eso que te sabía bien (por obvio)!
Yo también, desde niño, lo digo al infinito cuando merita. Ahora procede: ¡Graciassss!

Mª Angeles y Jose dijo...

Menuda tensión ,Luis.

Las noches en la montaña del modo que la cuentas tienen que sern interminables...me alegro que superaras ese trozo con tanto cuidado....

pero yo tambien te digo: ten mucho cuidado Luis ;-))

Besos

Luis G. dijo...

Gracias, Mª Angeles, gracias a tod@s.

Fue la única experiencia que tuve en el Pirineo y salí airoso. Aunque tuve otras, haciendo vivacs calculados, ésta la presentía cuando avanzaba por la cresta. Ahora bien, la esencia del montañero es vencer las dificultades, tanto en la alta montaña como en la media. Y una mezcolanza de sensaciones nos invade: satisfacción, felicidad... Es el premio al esfuerzo, a la superación. Es colmo la vida misma, acompañada de lucha y sacrificio. Así lo entiendo.

Besos y abrazos,

Luis.

Jose dijo...

Hola Luis
La montaña hay veces que nos sorprende de esta manera, pero lo mejor es lo que tu hiciste la cabeza bien puesta sobre los hombros, saber esperar y en este caso lo conseguiste...Enhorabuena.
Un saludo
Jose
TROTASENDES BENICALAP

GUSPLANET dijo...

Hola amigazo Luis!
Sabes? pensé que se trataba de un relato ficticio, cuando me he fijado en tú último comentario y noto que fué absolutamente real... y claro, me sorprendí cómo describes todas ésas sensaciones nocturnas, porque tú que amas las montañas y la naturaleza, veo que te han dotado de otras apreciaciones. Absolutamente interesante!

Gracias Luis, como siempre, por compartir tus relatos y ésas magníficas fotografías!

Princesa115 dijo...

Hola Luis
Me has dejado el corazón en un puño...una verdadera aventura pero lo conseguiste que de eso se trataba, ya tienes algo muy importante en tus espaldas.
Prefectamente relatado

Un beso

Abilio Estefanía dijo...

Querido Luis, me has tenido en un vilo mientras te leía, menos mal que lo conseguiste, porque si no...
Ha sido menos inquietante le paseo por tu auditorio, jejejeje.

Un fuerte abrazo

Sara dijo...

Mi estimado Luis....que susto me has dado con tu entrada...que susto....aquí el viernes...en el pico polvoreda (pico que yo ya he subido) quedó la vida de un vecino del pueblo...quedó la vida de un montañero se despeñó,fue horrible, iba sólo...a la montaña hay que respetarla mucho y ponerle muchos límites.Un gustazo saber que estás bien y lo conseguiste....pero con cuidado eh!!!
abrazotedecisivo casi casi ya de vacaciones

La abuela frescotona dijo...

no debes caminar solo¡¡¡
querido amigo hemos sufrido contigo, gracias a Dios que todo salió bien, te abrazo fuerte

Rosa Cáceres dijo...

Los retos del montañero...
Me temo que yo no tengo valor para un paso así, sufro con las alturas que no veas.
Soy una cobardica para ese tipo de riesgos jajaja
Vamos, que no me sumaría a una de tus caminatas de alta montaña, he sufrido nada más que al leer lo que has contado.

Un abrazo