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El Tiempo en Segorbe

miércoles, 7 de abril de 2010

Corazones de madera (Relato)


Apenas la brisa agitaba las hojas de los pinos. La hierba alfombraba la tierra y su verdor glosaba el camino. A cierta distancia un rebaño pastaba tranquilamente; parecía un ovillo gris con las esquilas trenzando su tintineo metálico.

Un perro de color canela empezó a ladrar nada más verme.

-Real, ven aquí.

La voz me era conocida. El pastor cojeaba levemente, y esa anomalía fue el indicio que corroboró la certeza de que la persona que se acercaba a donde yo estaba la conocía de otras andanzas por la sierra.

-¿Eres tú, Miguel?

-Luis ¿qué haces por aquí?

-Ya ves, recordando otros tiempos.

Miguel me enseñó hermosos parajes de su sierra. Lugares paradisíacos con sus nombres. Valles, collados, montañas que se asoman a los horizontes y tierras que surcó el arado, testimonios que me sirvieron de mucho para mi libro.

-¿Nos sentamos?

El rebaño apenas se movía. El sol calentaba y nos refugiamos entre las sombras, al acogedor regazo de la pinada.

Miguel sacó unas maderitas. Parecían de pino. Una de ellas apuntaba la figura de un corazón. Cogió una navaja y empezó a retocarlo.

-¿Por qué creas corazones, Miguel? Desconocía tu habilidad artesanal.

-Los hago para ella.

-¿Y quien es ella?

-Pilar, mi mujer.

-¿Le gustan?

-No me lo puede decir, Luis, falleció hace diez meses.

Las ovejas se organizaron en una piña. Se apagaron sus balidos bajo la calma solar. Y Real, ante la pasividad de los animales, se acercó a su amo y dócilmente se arremolinó a su lado. Los campos lucían sus colores trigueños y un corral acentuaba el signo del abandono.

-Se fue, Luis, tan calladica como siempre.

De sus ojos parecía que iban a brotar unas lágrimas. Unos ojos acostumbrados a mirar toda la vida a la tierra y al sol. A sus trochas, el marco de su vida de pastor.

-Llevaba la casa y la ordenaba. Era muy hacendosa y cuidaba las aves de corral. Y a la atardecida, me esperaba bajo el parral, sentada y haciendo calceta.

Le miraba y contemplaba sus curtidas manos, las mismas manos que acariciaron a la mujer de su vida, la que le dio tres hijos.

Unas nubes algodonosas salpicaban de blanco el azul del cielo y las sierras lejanas se difuminaban entre acordes grisáceos.

-¿Vienen tus hijos por aquí?

-Algunas veces. Sobre todo en las vacaciones.

Dos alondras rebuscaban por las parcelas del cereal y se subían a los guijarros. Las ranas orquestaban su cantinela en un arroyo cercano, en cuyas aguas flameaba el sol.

-Tus nietos son tu felicidad ¿verdad, Miguel?

-Y tanto, Luis. Me acompañan al corral, juegan con los perros, con los corderitos y se lo pasan maravillosamente. A ella le encantaba que vinieran a casa. Que estuvieran unos días aquí. Adoraba a sus nietos. Les contaba cuentos que inventaba, trajeados de fantasía.

-La hecho mucho de menos -añadió- y por eso me dedico a hacerle corazones, pues la sigo recordando mucho.



-¿Miguel dejarás este oficio de pastor y te volverás con algunos de tus hijos?

-Mientras pueda, no. Aquí estoy bien. Es el lugar donde siempre he vivido y donde Pilar y yo formamos una familia.

Lugares íntimos de lo vivido que acompañan a Miguel y enriquecen su soledad. La sabia naturaleza, el viento, el frío, el calor, la lluvia, son los elementos que salpican su vida de pastor, sus sentimientos y vivencias.

-Mientras pueda aquí estaré, Luis, me repite.

Charlamos de muchas cosas más, mientras el mediodía iba recibiendo los primeros soplos de la tarde. Y tuve que despedirme de Miguel, de sus ovejas, de sus perros, de sus corazones de madera...

-Vuelve cuando quieras, Luis.

-Así lo haré, Miguel.

El sol estaba en lo alto y caía de plano sobre el polvoriento camino. Un apezuñado sendero desglosaba el paso del rebaño y el cielo azuleaba entre viajeras nubes.

34 comentarios:

Goriot dijo...

Luis, a veces te encuentras en el camino, algún ser, como es el caso de este virtuoso pastor. Por lo que, a nosotros los lectores nos resulta interesantes tus relatos.
Un abrazo.
Goriot.

Juan Francisco dijo...

Una bonita entrada (no digo historia porque las historias son inventadas y esta tiene todo el viso de ser verdad) amigo Luis. La soledad del campo. Cuando era joven me tocó guardar vacas, ovejas y cerdos y puedo decir como el poeta... "nunca estuve menos solo que cuando estuve en la soledad de los campos". Me ha emocionado. Un abrazo Luis.

Vicky dijo...

Una historia preciosa Luis , que me enternecia a medida que iba leyendola y con el tacto y la suavidad que has sabido narrarla me hacia revivirla.

Un Abrazo grande.

Ardilla Roja dijo...

Encantador relato, Luis.

Me encanta como describes estos encuentros tan sencillos y tan ricos en esencia. Metes al lector en el monte, en el bosque, o donde quiera que se desarrollen y le haces disfrutar, casi con los cinco sentidos, de todo lo que te rodea. Maravilloso.

Un abrazo.

Taty Cascada dijo...

Por casualidad llegué a tu espacio, y abrí tu puerta...Leí tu relato, y me pareció delicioso, creo que me perdí en tus descripciones porque me son tan conocidas, que hasta los aromas los sentí.
Un abrazo escritor.

MORGANA dijo...

Luis,tus relatos son tan mágicos que nos haces meternos en la piel de quién la narra.No es necesario tener muchopara ser feliz,ésta se encuentra en el corazón.
Mil besos.
Morgana.

ARIADNA dijo...

que bonito esto qe has escrito en nuestro camino encontramos de todo gente buena que vale la pena tratar y claro que siempre merece la pena detenerse y conversar con alguien, me encanto tu entrada, mil besos mil abrazos

Sara dijo...

Corazones de madera que bombean sangre, tan real y caliente...que hace que esos sentimientos se sientan más, con gran fuerza, más aún...en la soledad de los campos.
Que precioso relato...que le deja a una con gustito de tener cerca "corazones de madera"

Un abrazote lleno de energía, de la que traigo de mi otro reino, el asturiano.

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

HOLA LUIS:

Verdaderamente fue un diálogo, que emociona al leerlo.

La de Pastor y su mujer, son estas historias de amor que no son noticia pero que haberlas, hailas.

Un abrazo, Montserrat

Creuant Muntanyes dijo...

Uf! Luis, se me ha puesto un nudo en la garganta y me he quedado con ganas de saber más de Miguel.
Un abrazo!

Abi E. dijo...

Hola Luis, Miguel estuvo a punto de echar una lágrima al contarte lo de los corazones pero yo he echado dos.

Como me vienen a la memoria situaciones parecidas vividas con los "ovispos de páramo" como los llamaba mi padre y como los echo de menos en mis paseos por el campo. Ya no quedan pastores como Miguel, con los que podias hablar de lo divino y de lo humano, con una sabiduria humana como pocas personas.

Un fuerte abrazo
el lio de Abi

Mª Angeles y Jose dijo...

QUE BONITO lUIS

Es un relato precioso, pero una vida muy triste y demasiado solitaria la que tiene este señor en estos momentos...

La vida a veces es demasiado dura.

Besos

María dijo...

Hola, Luis:

Tus relatos enganchan a medida que los leo, tienes una peculiar forma de narrar y de diálogo, me gusta tu manera de escribir, Luis, sigue escribiendo, tantos los poemas como los relatos son maravillosos, te felicito.

Un beso.

María dijo...

¡Ah! y cada día veo el blog más bonito, tiene ahora un diseños y colorido precioso.

*Luna dijo...

Muy bello relato me gusto mucho
un beso corazon

mirambella dijo...

Uf, que emotivo, me ha emocionado. Un gran abrazo Luis.

Fernando dijo...

Un relato entrañable, precioso, de un amante de la naturaleza. Seguiré leyendo tus pensamientos. Un abrazo.

Luis G. dijo...

Hola, amig@s, es un relato auténtico, de los que he vivido a lo largo de mis años de andar de un lugar a otro. Son historias que tocan la fibra sensible, que nacen de un mundo rural, donde queda su belleza esencial y, en este caso, el gran amor que Miguel siente por la tierra.

He pasado por muchos lugares abandonados, como aldeas y masías, y todos me siguen impresionando, pues pienso en sus antiguos habitantes y en sus vidas.

Besos y abrazos.

Luis G. dijo...

Hola, María, me alegra mucho que te guste como queda el blog, con los cambios que le he hecho.

Gracias.

Besos.

Raül JotaGé dijo...

Hola Luis. Fantástico relato. Tus textos me transportan mecidos por mi Extremadura. Cada historia es mi historia en cualquier paraje de ésta mi tierra.

Te sigo y te espero por “mi tendedero” de Cáceres de vez en cuando.

Un abrazo “artista”

Raül.

eltendederopaco.blogspot.com

salvadorpliego dijo...

Wowwwwww... Me dejaste con un nudo en la garganta. Un gran nudo en la garganta!!!!!

Aplausos, aplausos, aplausos.
Te felicito.

Un fuerte abrazo.

Jesús Arroyo dijo...

Hola Luis:
Me complace especialmente tu visita a "Caminos de TInta". Veo caras amigas por estos lares y, por sumar a ese "especialmente" resides en la provincia de Castellón donde, con mucha frecuencia, me escapo para poder escribir acompañado de mar y tranquilidad.
Saludos.
PD: ¡Te leo!

Aseret dijo...

Hola Luis, tienes el don de la palabra, tus historias están tan vivas como las sensaciones que trasmiten. Y esta en particular tiene la magia que tiene el amor tejido entre ellas.
Luis no dejes de escribir, disfruto mucho recreando los paisajes y las vivencias que tan estupendamente describes.
Besotes :D

Eyna dijo...

Hola Luis, un placer haber conocido tu blog, ya te sigo. Un abrazo.

RECOMENZAR dijo...

Vengo de lo de ABI ahí te descubrí y leyendo tus letras aquí me quedé

MA dijo...

Luis hermosos corazones llenos de amor hacia Pilar... y un relato muy especial y sentimental el que nos relatas magnificamente .

Un abrazo de MA para ti amigo .

auroraines dijo...

Una historia de vida, de vida feliz
y amor superando barreras, porque en los corazones está su mujer y en la naturaleza que lo rodea su mundo.
Lo relataste muy bien Soñador por las cumbres.
Un abrazo

Henar dijo...

A veces los relatos son tristes pero también interesantes, la vida es así, agridulce. Un abrazo

Juan Antonio Torron Castro dijo...

Luis, sigo disfrutando con tu blog en todas tus salidas. Con tus fotos y relatos, muchas gracias.

Saludos.-

MIGUEL NONAY dijo...

Un relato precioso, no importa que sea real o inventado.

Siempre progresando, querido Luis.

Un fortísimo abrazo

A Salto De Mata

La sonrisa de Hiperión dijo...

Como siempre es un placer pasar por tu espacio...

Saludos y un abrazo enorme.

Jota Ele dijo...

Emocionante y tierno relato de tu encuentro, con un hombre maravilloso, luis.

Seguro que no se encuentra solo en la soledad de sus campos, con su fiel Real y sus ovejas.

Creo que, nosotros, nos podemos encontrar mucho más solos entre la muchedumbre que él en la soledad de sus paisajes.

Y sigue amando a la mujer que compartió su vida.

Eres una maravilloso escritor, querido amigo.

Un fuerte abrazo.

ruma2008 dijo...

Vistas de la Naturaleza son realmente hermosas.
Mis manos parecen llegar allí.

Su fotografía es muy espléndido.

Doy las gracias por su siempre admirando mi caligrafía.

Desde el Lejano Oriente.
Un cordial saludo.
ruma

Montserrat Sala dijo...

Hola Luis; La gente del campo tiene un corazón grande. No sabe escribir sus sentimientos, con palabras delicadas, pero demuestra a su manera la gran sensibilidad, de su alma-