Teníamos que caminar la sierra de El Toro algún sábado y aprovechamos las jornadas gastronómicas de la seta, organizados por el gremio hostelero de esta serrana población, para hacerlo. Así que ayer sábado nos encaminamos por los vastos territorios de esta singular sierra, de notable valor ecológico.
Pasamos por parajes sobresalientes a los pies de la Salada.
Pero antes tengo que resaltar el magnífico mar de nubes que cubría imperiosamente la comarca del Alto Palancia. 9 horas.
La ruta se inició bajando por el atractivo barranco de la Umbría, con su extraordinario acervo vegetal, entre carrascas, pinos silvestres, escaramujos, enebros, tejos, arces de hojas cobrizas... Desembocamos en el espacioso barranco del Resinero, donde la arquetípica y adusta imagen de la Peña Juliana despuntaba encima de nosotros con su enjundia caliza, aunque las espesas brumas, que se iban apelmazando, se enredaban por sus enhiestas y ásperas paredes.
Ascendimos valle arriba por una pista, que faldea las Lomas de la Juliana, hasta la cabecera del Resinero, recortada por la enjundia de las Peñas del Diablo. Pasamos por el Contador del Resinero, clásico paso de ganado entre Aragón y Valencia, en cuya estrechez se efectuaba el recuento del número de cabezas.
El oleaje de las nieblas cubrió el abigarrado valle del Resinero, no pudiendo admirar su respetable orogenia. Enfilamos el recorrido hacia el nevero del Resinero. Los ingredientes de la moderada ascensión eran el silencio, la altura, el color lechoso de las transeúntes nieblas, el espacio y el vislumbre de la antigua base militar de la Salada. Arribamos a la homónima cota geodésica (1.581 m. de altitud). Foto del grupo.
Y avanzamos por la vereda real de ganados hacia el reino del pino rojo, de la sabina albar y de la olorosa chaparra. Aromas vegetales que la tierra nos regalaba. Caminábamos alegres entre el silencio y el bosque, que viven armonizados con su potencia plástica. El sol, que había aparecido, rondaba entre el bosque de pinos y se acodaba en los resaltes rocosos del Puntal del Agrillar, la máxima cota de las tierras del Alto Palancia con sus 1.616 m. de altitud.
Pasamos frente del redondeado perfil del Puntal del Agrillar y al lado del corral de Valero. Y entre la ronda de imágenes de la sierra llegamos al punto de partida de esta deliciosa ruta circular y… ¡otoñal!
Pero hubo más…. ¡la comida! en el restaurante Los Abriles de El Toro. Unos riquísimos menús y la amena y alegre tertulia pusieron punto y final a esta estupenda jornada llena de sensaciones.
¡Hasta la próxima, amig@s!