
-¿Me compra una cazadora?
Hay mercado en Culla. Los tenderetes se alinean en la entrada a la población.
La vendedora de uno de los puestos insiste que es magnífica. Y me la vende por menos de 30 euros. La prenda es de tipo anorak. Las hay con sus tonos combinados y rojos.
Y emprendo la excursión con mi flamante cazadora. Me dirijo hacia la fuente de l´Oli por el sendero PRV-225.1. Paso por delante del mas dels Oms. Y desde este punto la ruta se sumerge en un paisaje fantástico, con rincones sugestivos, laderas inclinadas -surcadas por barrancadas que se apean hacia el río Montlleó-, y bosques donde crecen pinos y carrascas en frondosa asociación. Por los altos, que enarbolan franjas rocosas de acentuado tono gris como mascarones de una nave, se esparcen nutridos enebros, con sus formas globulosas y copudas, esbeltos con su verde efervescencia.
El sendero, que exhibe el encanto nostálgico de un camino de herradura, serpentea por el bosque, desfilando por auténticos túneles de verdor, arboladuras sombrías de buen andar.
Escarpados puntales, aristas, cantiles y “morrales” dibujan su abrupta verticalidad. También aparecen antiguas masías ubicadas en oteros y calveros del desnivelado terreno, entre un ancestral paisaje humano, donde los menguados almendros se visten de gala con sus hermosas flores.
En esta sugestiva singladura reina el mayestático silencio de estas montañas, que enaltece la pomposidad de la naturaleza. Y las cabras hispánicas alegraron la marcha del caminante. Merodean entre riscos y arbustos. Son los apuestos habitantes de este mundo geológico y forestal, pintado de regios cromatismos.
El sendero señorea una formidable territorio, intrincado y brioso, con un espeso sotomonte. Un paisaje en el que parece que el tiempo se haya detenido para siempre. Avistase en la lejanía Vistabella del Maestrazgo, y, más cerca, la ermita de san Bertomeu y el caserío de Capote, que me recuerdan una de las excursiones que realicé a estos parajes siguiendo el GR-7. También asoma por la izquierda de la panorámica la soberbia cúpula del Penyagolosa, muy visible por toda la geografía castellonense.
El itinerario, a partir del barranco del Riu gana altura. El sol punteaba las hojas de las carrascas, que hacían guiños con sus centelleos de plata. Y al finalizar la prolongada cuesta, se despliega ante mis ojos la maravillosa sinfonía gris de la Roca de Penyacalva, llamada El Frontó por el costado del Morral de la Massiana.
Cruzo el barranco de Penyacalva y sorteando un mar de arbustos arribo a la cumbre de la Roca de Penyacalva (1.014 m.), que forma contrapunto con el pintoresco y peñascoso Single Verd (1.061 m.).
Abajo, a bastante profundidad, se retuerce con sus blanquecinos meandros el río Montlleó. Por todos los lados emergen farallones y acantilados calizos, con sus peculiares gamas grises y bermejas. Escurridizos derrubios, como claras franjas vertiginosas, lengüetean por estas fortalezas naturales, coronados por los elegantes vuelos de los buitres leonados ilustrando los cielos.
El PRV-225 me devuelve a Culla. Un tractor está terraplenando unos campos. La trepidación horada el silencio que adorna el mas de Les Barredes. Y unos estratos hacen parpadear la luz del sol sobre estas tierras hechas para el sembrado y el ganado, para el almendro y el olivo.

